sábado, 8 de octubre de 2022

El contacto

Kiever conoce a Leamas y lo invita a Holanda. Los comunistas están tanteándolo, saben que está sin trabajo, conocen de su experiencia y planean tentarlo con dinero para que traicione a los suyos. De la novela de John le Carré: The spy who came in from the cold.

Más abajo información sobre St James's Park, en Londres.

 

   —Estoy interesado en usted. Quiero hacerle una propuesta. Una propuesta periodística.

Hubo una pausa.

    —Periodística —repitió Leamas —. Ya veo.

    —Manejo una agencia. Un servicio internacional. Paga bien, muy bien, por material interesante.

    — ¿Quién pública el material?

    —Paga tan bien en realidad, que un hombre con su clase de experiencia, de la escena internacional; un hombre con sus antecedentes, usted entiende, que proveyera material convincente, podría liberarse de angustias financieras en un tiempo relativamente corto.

    — ¿Quién publica el material, Kiever?

Hubo algo amenazante en la voz de Leamas y por un instante, solo por un momento, una mirada de aprehensión pareció cruzar la cara de Kiever.

    —Clientes internacionales. Tengo un corresponsal en París que dispone de gran parte de nuestro material. Con frecuencia ni siquiera sé quién publica. Confieso, añadió con una sonrisa conquistadora, que algunas veces ni siquiera me preocupa. Ellos pagan y piden más. Son esa clase de personas, Leamas, que no se preocupan por detalles. Pagan rápido y están felices en pagar en moneda extranjera, por ejemplo, y nadie se preocupa en cosas como impuestos.

Leamas no dijo nada. Sostenía su vaso con las dos manos, mirándolo.

Están saltando sus defensas, pensó Leamas. Es indecente. Es una oferta que ninguna chica decente podría aceptar, bromeó. Y además no sé si vale la pena. Tácticamente, pensó, tienen razón en apurarse. Estuve en prisión, estoy resentido. Estoy viejo. No necesito que me quiebren. No tengo que fingir que ofendieron mi honorabilidad de caballero inglés. De otro lado ellos deben estar esperando objeciones. Deben esperar que sienta miedo pues el servicio persigue a los traidores como Dios persiguió a Caín en el desierto.

Deben saber que es como un juego. Saben que la inconsistencia de la decisión humana puede hacer fracasar el mejor plan de espionaje, que algunos criminales pueden resistir cualquier tentación mientras que los caballeros respetables pueden ser llevados a las más altas traiciones sin casi nada a cambio.

    —Deben pagar muy bien —murmuró Leamas.

Kiever le sirvió más whisky.

    —Están ofreciendo quince mil libras adelantadas. El dinero ya está en el Banque Cantonale en Berna. Con mostrar una identificación, que mis clientes producirán, puede sacar el dinero. Mis clientes se reservan el derecho de hacerle preguntas durante un año con el pago de otras cinco mil libras. Lo asistirán con cualquier problema que surja.

    — ¿Con qué rapidez debo contestar?

    —Ahora mismo. No se espera que escriba todo lo que recuerda. Se encontrará con mi cliente y él arreglará que alguien lo escriba.

    — ¿Dónde se supone que lo encuentre?

    —Sentimos que será más seguro fuera del Reino Unido. Mi cliente sugirió Holanda.

    —No tengo mi pasaporte —respondió Leamas.

    —Me tomé la libertad de sacar uno por usted —dijo Kiever suavemente. Nada en su voz sugería que había arreglado otra cosa que una propuesta de negocio adecuada.

    —Volaremos a La Haya mañana a las nueve y cuarenta cinco. ¿Volvemos a mi departamento a discutir otros detalles?

Kiever pagó y tomaron un taxi a un lugar no lejos de St. James´s Park.

El departamento de Kiever era lujoso pero su contenido sugería que había sido decorado a las apuradas.

Mientras Kiever le mostraba su habitación, Leamas preguntó.

    — ¿Cuánto tiempo ha estado aquí?

    —No mucho. Unos pocos meses.

Había una botella de whisky en la habitación y un sifón de soda en una bandeja. Al final de la habitación una cortina comunicaba al baño y al lavatorio.

    —Un nidito de amor. ¿Todo pagado por el estado trabajador?

    —Cállese —dijo salvajemente Kiever—. Si quiere algo hay un teléfono interno a mi habitación. Voy a estar despierto.

Leamas fue despertado por el teléfono al lado de su cama. Era Kiever.

    —Las seis de la mañana— dijo él—. El desayuno a las seis y media.

    —Bien —contestó Leamas y colgó.

Tenía dolor de cabeza.

Kiever debió haber llamado a un taxi porque a las siete el timbre de la puerta sonó y Kiever preguntó:

    — ¿Está todo listo?

    —No tengo equipaje, excepto por mi cepillo de dientes y una afeitadora.

    —Eso ya está arreglado. Aparte de eso, ¿está listo?

    —Supongo que sí —dijo Leamas levantando los hombros—. ¿Tiene cigarrillos?

—No —replicó Kiever—. Pero puede conseguirlos en el avión. Mejor fíjese en esto —y le entregó a Leamas un pasaporte británico. Estaba hecho a su nombre con su fotografía montada en él. No era ni viejo ni nuevo. Describía a Leamas como cajero, con estado civil soltero. Sosteniéndolo por primera vez le dio cierto nerviosismo. Era como casarse, pasara lo que pasara las cosas no serían como antes.

    — ¿Y dinero? —preguntó Leamas.

    —No lo necesitará… (Capítulo 7. The spy who came in from the cold. Traducción y adaptación propias.)

 

St James's Park Lake, looking northwest, with Buckingham Palace in the background
St. James´s Park

Para saber

St James's Park es un parque de 23 hectáreas en la ciudad de Westminster, Londres central. Es la parte más al este de una cadena continua de parques que incluyen a Green Park, Hyde Park, y Kensington Gardens. Está limitado al oeste por Buckingham Palace, al norte por el Mall, al este por Horse Guards, y al sur por Birdcage Walk.

 

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Fuentes

The spy who came in from the cold, readerslibrary.org

St James's Park, Wikipedia

 

 

 

 

 

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